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Una ruidosa minoría

Una ruidosa minoría

Reforma

A 1 país lo separa un precipicio entre la verdad y sus relatos. Entre lo que ocurre y lo que se dice que ocurre. Entre la dimensión silenciosa de lo real y los rugidos de los medios.

Si uno se limitara a escuchar ciertos espacios en televisión, a leer determinados editoriales y a creer que el mundo es aquello que muestran las redes sociales, tendría la falsa certeza de que el proyecto de la Cuarta Transformación atraviesa una crisis terminal. Que Morena va de salida. Que el Movimiento de Regeneración Nacional ha fallado. Que el gobierno de Claudia Sheinbaum se acerca a su ocaso. Que el país entero aguarda un reacomodo. Se escucharía un grito.

En un cara a cara con la realidad, el diagnóstico es distinto.

La hipérbole y la exageración son vicios de los que la prudencia y el escepticismo aconsejan siempre dudar.

Lo que muestran las encuestas es el mundo volteado. Porque entre el colapso y la buena salud existe un mundo de diferencia. Reviso encuestas recientes y observo que —a pesar de que no todo es camino llano, que por allí no faltan cuestas escarpadas y descampados pedregosos— la Presidenta mantiene niveles de aprobación altos para cualquier estándar democrático. Algún estudio, incluso, la ubica ligeramente por encima de los niveles de Andrés Manuel López Obrador. En lo electoral, la valoración también contradice el embuste del derrumbe: Morena conserva una ventaja que supera a toda la oposición unida, aun sumando a los indecisos y a quienes no expresan preferencia alguna.

La realidad también es visible desde afuera. La prensa internacional —cada vez más atenta a los asuntos domésticos— lo ha registrado. The Guardian ha publicado un perfil de la mandataria en el que se pregunta cómo se convirtió en la líder de izquierda más popular del mundo.

Sheinbaum registra niveles de aprobación que superan a líderes cuya popularidad nunca se pondría en duda: Nayib Bukele en El Salvador y Lula da Silva en Brasil.

En territorio nacional la andanada mediática nunca ha cesado lo que se dice cesar. La Cuarta Transformación —por definición y desde su origen— ha visto en los medios a uno de sus más grandes adversarios. Sin embargo, lo que en el sexenio de AMLO era un asedio con contornos más definidos —la página impresa, la radio, la televisión—, hoy se ha desplazado también hacia las redes sociales. Las redes que alguna vez fueron benditas ya no lo son tanto: el diablo las ha tomado a cuenta de ganancias futuras.

Sus operadores —quiero decir, la oposición política y mediática que en los medios habita— no han cambiado demasiado. Por gusto de no variar o por hábito adquirido, quienes durante años encontraron vocación en intentar debilitar a Andrés Manuel López Obrador han trasladado sus emociones y esfuerzos a su heredera. La cantaleta de que Andrés Manuel se reelegiría ha sido sustituida por la de que el gobierno de Claudia Sheinbaum está acabado.

Este editorial no busca denostar las interpretaciones divergentes de lo mismo, sino aquellas descabelladas que consolidan dos regímenes contrarios de percepción, dos mundos paralelos que no se tocan.

Porque el desfase entre la realidad y su interpretación en los medios no es inofensivo: es el causante de una artificial polarización. A una minoría le parece indiscutible que el país se desmorona; a la mayoría, que esa afirmación carece de sustento. Para los segundos, el gobierno es estable y continuo; para los primeros, cada primera plana, confirmación de su derrumbe.

Y con ese abismo artificial de por medio, unos y otros acaban contemplándose perplejos, preguntándose cómo esto es todo lo mismo y qué extraña realidad es la que observan aquellos locos.

Fuente: https://www.reforma.com/una-ruidosa-minoria-2026-06-20/op315736

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