Las mentiras y falsedades, las calumnias y las intimidaciones que César Duarte despotricó en una vergonzosa rueda de prensa, refleja tristemente el grado de degradación política que se vive en Chihuahua.
Las autoridades de Estados Unidos no lo absolvieron ni lo exoneraron, menos lo santificaron, no era un juicio penal, sino un juicio civil que buscaba que el pueblo de Chihuahua recuperara algo de lo que se robó por la corrupción, una parte de los 97 millones de pesos que uso para pagar sus cuantiosos gastos, tarjetas de crédito, comprar ganado y hasta pagar sus impuestos.
No era un juicio penal, no se trataba de una acusación por lavado de dinero, ni impulsada por fiscales norteamericanos, no era una investigación del FBI ni autoridad policial ni financiera de Estado Unidos, no es la absolución de un delito. Esa afirmación es una gran mentira.
Se trataba de una demanda civil presentada en Texas para recuperar activos; y fue desestimada, no por falta de razón y argumentos, sino porque el propio Gobierno de Chihuahua, hoy al frente de María Eugenia Campos, nunca entregó la evidencia solicitada.
César Duarte no probó su inocencia, ni le fue necesario, porque al despacho estadounidense le ataron las manos desde Chihuahua para que no pudiera probar la demanda presentada años antes, negándole el acceso y la entrega de evidencia, la cual ya habían revisado y sabían que existía.
El gobierno estatal dejó de colaborar y, en lugar de buscar justicia, protegió al demandado. Durante cuatro años, el despacho estadounidense le buscó y esperó los documentos, pero nunca tuvo respuesta.
Es falso que con esta resolución Duarte probó su inocencia, pues reitero, no era una acusación penal. Esta mentira ilustra, de nuevo, su osadía, la sin vergüenza y desfachatez para intentar engañar otra vez al pueblo de Chihuahua, una actitud que solo puede explicarse, a la luz de la protección vergonzosa y cínica que le brinda el Gobierno del Estado y María Eugenia Campos.
Pero este cínico sigue siendo el mismo que hace diez años, cuando dijo que firmó un documento por el que transfería 65 millones de sus cuentas personales, para hacerse el socio mayoritario de un banco y juró “ que a lo macho”, no lo había leído.
Que las autoridades americanas hayan desestimado la denuncia por las 50 propiedades con un valor de 25 millones de dólares, no es porque las propiedades del vulgar ladrón de César Duarte no existan, sino porque el Gobierno del Estado, entiéndase María Eugenia Campos, nunca atendió, ni respondió los requerimientos que la firma de abogados Buzbee le solicitó para aportar elementos de prueba en el juicio.
Las pruebas, como señala este delincuente “jamás llegaron”, no porque no existieran, o no estuviera documentado el enorme peculado que le permitió enriquecerse a costa del pueblo de Chihuahua y disponer de estos millones de dólares para hacerse de esa cantidad de propiedades, sino porque sus cómplices María Eugenia Campos Galván, César Jauregui Moreno y Santiago de la Peña, jamás atendieron las solicitudes del despacho jurídico encargado de atender la demanda.
Es, además, absolutamente falso que, de manera personal, yo haya presentado esta denuncia contra Duarte, en estricto sentido, lo demandó el pueblo de Chihuahua, a través de sus instituciones, ésta y las otras denuncias, que derivaron en 21 órdenes de aprehensión, las hizo el Gobierno del Estado de Chihuahua; como incluso sus propios abogados lo señalan y desmienten en esta vergonzosa rueda de prensa convocada por este delincuente.
Es mentira también que la denuncia le haya costado recursos al pueblo de Chihuahua, no se pagó un solo peso por los honorarios del despacho jurídico, estos serían cubiertos al recuperarse los bienes que de manera ilícita sumó a su patrimonio.
Que el más grande ladrón en la historia de Chihuahua hoy esté libre, haya recuperado sus bienes mal habidos y además se dé el lujo de seguirse victimizándo, justificando su enorme riqueza y pretendiendo mostrarse como un hombre honorable que dio progreso a la entidad, no es resultado de su inocencia, sino producto de la complicidad con la gobernadora María Eugenia Campos y de la red protectora que construyó, repartiendo, entre pocos, los recursos de todos.
La desfachatez de este ladrón sólo indica que ha vuelto para reclamar a la gobernadora su posición, como líder político de su propio grupo, ella, sin duda le está regresando la cortesía.
El Gobierno del Estado lo dejó de investigar, de procesar, le ha devuelto los bienes asegurados, lo liberó y hoy lo deja vociferar y despotricar a diestra y siniestra, burlándose del pueblo que saqueó.
Envalentonado, ha tratado por todos los medios de reducir la corrupción de su sexenio a un problema personal, conmigo, no es un asunto personal, sino de justicia, con el pueblo de Chihuahua a quien engañó y saqueó sin pudor ni piedad, y de quien se burló durante todo su sexenio, y ahora intenta hacerlo de nuevo.
Duarte ahora busca, a diestra y siniestra, hacerse pasar por víctima gastando muchísimo dinero, apelando a lealtades de sus cómplices, reclamando su poder, pero sobre todo, haciendo lo que mejor sabe hacer: mentir y corromper.
Tristeza, vergüenza e impotencia han de sentir las y los ciudadanos, empleados públicos, mujeres, comunidades indígenas, estudiantes, padres de familia, comerciantes, empresarios, agricultores, ganaderos, beneficiarios de los servicios de salud, profesores, organizaciones de la sociedad civil, y muchos más, que habiendo sido testigos y víctimas directas del saqueo más grande de Chihuahua, Duarte se diga inocente, que tiene las manos limpias, que no robó nada, que su riqueza y opulencia cayó del cielo y que solo se dedicó a ayudar a Chihuahua.
Sus dichos y esa versión vendida por verdad entre medios y “periodistas”, es falsa y es resultado de los miles de recursos públicos que reciben, resulta curioso que ninguno le pregunte sobre su rancho del tamaño de la capital del estado, de sus animales y ganado exótico, del dinero público que envió a sus negocios, simulando que era para los agricultores de la región, de las empresas fantasmas, de sus comilongas y festines de rey con artistas, de los vinos finos a costa del pueblo, del endeudamiento que hoy tiene azotado a nuestro estado por más de veinte años, del banco que intentó crear, que es cuenta pendiente de las autoridades federales, y por tantos, y tantos actos de corrupción públicos y notorios.
Duarte olvida que si algo tiene el pueblo de Chihuahua es memoria, pero sobre todo, dignidad.
Sus acciones, palabrería y la enorme impunidad, que no deja de presumir, solo exhiben la enorme e imperiosa necesidad de hacerle justicia a Chihuahua.
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